Liber, libri.


 Sin título, Giuseppe Maria Crespi, 1725Puedo afirmar, casi  con rotunda y total seguridad, que el libro es el mejor invento del mundo mundial. Me apasiona el arte en sus múltiples formas, y siento una debilidad especial por la música, pero creo que no hay nada que disfrute más que la lectura de un buen libro.

Acomodarte en tu butaca favorita y descubrir que el mundo es mucho más amplio de lo que jamás te hubieras atrevido a pensar. Rendirte al sueño cuando la actividad de tus ojos ha sobrepasado con creces los límites de la prudencia, con la imaginación y la memoria llenas de momentos y sensaciones que no son tuyos, pero que poblarán tus sueños, y que jamás olvidarás.

Escapar del ajetreo del frenético ritmo de la vida que llevamos, y teletransportarte milagrosamente a ese otro mundo que te espera, y al que siempre podrás volver.

Colorear el silencio de la biblioteca con historias que aceleran el latir de tu corazón, y provocan suspiros desde lo más recóndito de tu interior. Reír suavemente en el autobús, y no darte cuenta de que el de enfrente te mira raro.  Aunque, posiblemente siente curiosidad acerca de eso tan divertido que lees.

O no poder evitar una mirada de complicidad hacia el chico que acaba de sentarse a tu lado en el banco, y que lleva en la mano ese libro que tanto te gustó.

Sin embargo, parece que últimamente los libros no están de moda. La literatura en formato electrónico va ganando adeptos. Puede resultar muy práctico cuando se lee por obligación o  deber profesional, pero creo que la pantalla  resta a la lectura gran parte de su encanto.

Nada puede compararse al olor de un libro nuevo, ni tampoco al de uno viejo. La lectura de un libro va siempre asociada a un diseño de portada, al tacto y la rugosidad de un papel, a una edición. Recordaré siempre el fino papel biblia de Crimen y castigo, que emitía un ligero frufrú cada vez que mis dedos se deslizaban entre sus páginas. Y, por contraposición, las rígidas y gruesas hojas oscurecidas de Historia en dos ciudades.

El papel rojo con el que forré todos los tomos de Las aventuras de Sherlock Holmes, que creo que aún conservan algunos finos granos de arena de playa. La modesta pero aparente encuadernación de La posada de Jamaica, que crujía al forzar las tapas. El placer y el orgullo de estampar mis primeros ex libris en El mundo de ayer, en el que me hubiera gustado vivir.

Y es que leer no es un mero pasatiempo, una forma más o menos culta de llenar los ratos de ocio. Es más bien la puerta al mundo real, ése que va más allá de lo que uno percibe o cree conocer. Es un eterno aprendizaje, en el que los personajes, inventados o no, pero siempre profundamente humanos, se convierten en maestros.

En todo tiempo y lugar, el hombre vive historias dignas de ser contadas. Porque el valor, el orgullo, el amor, el miedo, la nobleza, la desgracia y la felicidad son comunes a todos nosotros.

Los anhelos, los pensamientos, las vivencias y decisiones de quienes habitan los libros van dando color a nuestra propia vida. Te hacen crecer por dentro, ampliando tus horizontes, de manera que ya no eres sólo tú, sino tú y un poco de todo lo que has leído.

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8 comentarios

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8 Respuestas a “Liber, libri.

  1. Firloyo

    Un devorador de libros como yo, está y no está de acuerdo con tus afirmaciones. Me explico. Pocas cosas hay comparables con el conjunto libro en papel encuadernado – sillón favorito – cerveza con su tapa. Pero cada cosa tiene su sitio. El libro electrónico es comprensible en el autobús, o en un avión, o cuando no tienes tu sillón favorito (la cerveza es más fácil). Pesa poco, no le hace falta luz, lo puedes leer incluso cuando olvidaste las gafas… Es como el tabaco, ahora tan denostado: Pocas cosas hay como fumar una pipa, pero ésta requiere el sillón y algún otro elemento ritual más. Y si no se tiene, ¡se fuman cigarrillos!
    En definitiva, las cosas no son buenas ni malas, depende de cómo se utilicen. No hago una defensa a ultranza del libro electrónico, sólo creo que no hay que despreciarlo porque sí. ¡A lo mejor en algunos años no hay otra cosa! Al ritmo de vida que llevamos …

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  2. mrsnoobles

    Yo creo que esta bloguera tiene toda la razón, los libros son un mundo aparte, pero a la vez muy real. Y esto es porque describen lugares, historias y personajes ajenos a uno, pero en los que uno se puede sentir reflejado. Aunque yo a veces soy víctima de los libros electrónicos (lo confieso), mantengo la opinion de que no hay nada como el olor de un libro antiguo, ya que huele a “viejo”, o un libro nuevo que aún huele a cola. También hay que decir que no hay nada que dé más pena que la rotura del lomo de un libro, o que se le doblen las esquinas; pero eso significará que hemos disfrutado ese libro como nadie lo había hecho antes.

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    • Bueno, yo espero no verme nunca reflajada en Raskolnikov, por ejemplo…Y, personalmente, no me da pena que se rompan los libros, porque eso significa que está vivo, y que aún tiene algo que ofrecer. Es lo mismo que ocurre con los repintes y barnices de un cuadro, eso quiere decir que se sigue valorando.

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  3. Gran post este sobre nuestro gran vicio/afición común (también la música lo es…vamos a parecernos más de lo que creemos!). Los libros son…es verdad, el mejor invento del mundo. Adoro el olor, el tacto, la visión de una enorme biblioteca llena de libros…sin embargo no puedo evitar romper una lanza en favor de la gran practicidad del libro electrónico…todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes! Apoyo a Firloyo!! (con rima y todo)

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    • ¡Hum!Interesante debate he generado sin pretenderlo…El libro electrónico es practiquísimo, sólo espero que eso no sustituya la gran experiencia de leer sobre el papel, especialmente para las nuevas generaciones, que cada vez son más electrónicas y digitales.

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  4. firloyo

    Perdonad por irrumpir de nuevo en el blog, pero después del otro comentario he recordado (eso que los psicolocos llaman “memoria lejana” – muy lejana en mi caso) que las profesoras del cole nos contaban que había también unos “Mandamientos del libro”. Muy apropiado para la época. Os los copio por si a alguno le resultan utiles en algun momento, como contribución al uso de libros “tradicionales”:
    » 1) No debéis garabatear en los libros, para que sus hojas permanezcan tal como salieron de la imprenta, lo más limpias posible.
    » 2) No comáis ni bebáis sobre ellas, para evitar que se manchen.
    » 3) Tened cuidado de no doblar sus hojas.
    » 4) Evitad siempre que podáis que se caigan o reciban golpes y, desde luego, nunca los tiréis al suelo, para que no se arañen sus tapas, ni se deteriore el canto de las hojas ni se arruguen los lomos.
    » 5) Pasad las páginas con delicadeza, para que no se rompan, siempre tirando de ellas suavemente por las esquinas.
    » 6) Utilizad marcapáginas delgados, nunca lápices ni otros elementos gruesos que dañen la encuadernación.
    » 7) Dadle un lugar adecuado, pues los libros adornan con sabiduría los hogares y en su interior siempre guardan algo que podréis aprender.
    » 8) Recordad siempre que los libros son como fieles amigos y por eso debéis respetarlos y protegerlos.
    » 9) Leedlos, porque los libros, mediante la lectura, os proporcionarán el arma más valiosa que tenemos: el buen uso de la palabra.
    » 10) Y, sobre todo, sobre todo, disfrutad leyéndolos, desde el principio hasta el fin, tomando notas de lo que más os guste si es necesario.

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    • No hay cuota de participación, ¡cuantos más, mejor! Qué grandes cosas enseñaban las maestras…Me gusta sobre todo a partir de la número siete, y sobre todo la diez, ¡creo que es la mejor de todas!

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