Goya, el Perro y un cumpleaños


“Perro semihundido”, Francisco de Goya y Lucientes, 1820-23
Madrid, Museo Nacional del Prado

Algo tiene el Perro que hace que todo el mundo se pare delante y esté un buen rato allí, contemplándolo. No mirando la cartela, no leyendo una guía, no tomando notas… Sólo mirándolo. Será que algo bulle dentro al enfrentarse a él. Y eso que se muestra rodeado del resto de las Pinturas Negras, que podrán gustar o no, pero, desde luego, tienen un alto poder de impacto. No son algo que se olvide fácilmente. Pero parece que al llegar al Perro cambia la banda sonora, y pasamos de la Una noche en el monte Pelado a El pájaro de fuego. Se modifica el ritmo de la visita, y se pasa de la simple observación a una mirada reflexiva y casi conmovida.

Algo de especial debe tener, porque es una de las pocas obras que gusta o llama la atención a casi todos los historiadores y amantes del arte que conozco (que son unos cuantos, la verdad, para qué vamos a negarlo). Ofrece algo a los que se declaran admiradores del arte contemporáneo, pero también a los que confiesan que lo moderno les dice poco y se consideran más clásicos en sus gustos. Es lo bueno que tiene el arte, que no es como el fútbol, puedes admirar a Tiziano y a Picasso al mismo tiempo, y enriquecerte con todo lo que conoces.

Pero esta pintura tiene algo que no tienen otras obras maestras del arte, al menos hasta donde llega mi no muy extensa pero sí intensa experiencia. Ni las Meninas con su inagotable juego de espejos y espacios, ni la Gioconda y esa sonrisa que sigue originando ríos de tinta, ni la inefablemente maravillosa Piedad del Vaticano… Todas son indiscutibles manifestaciones del genio, pero, perdónenme los fans de estos maestros, ni Velázquez, ni Leonardo, ni el gran Miguel Ángel (inclinación de cabeza), lograron tanto con tan poco.

Porque, si uno se fija ¿qué es el Perro? Pues un par de zonas casi monócromas separadas por una invisible línea ondulante y, entre ellas, la cabeza de un perro, y ésta no excesivamente realista. Y ya está. No hay más.

Pero es que tampoco hace falta más. Es moderno antes de los modernos. Esas pocas pinceladas, realizadas por quien sabía pintar retratos en un botón, son suficientes para llegar al interior de quien lo mira y hacerle experimentar un montón de sensaciones. La angustia del animal, que se ve desbordado por lo que le rodea, y está hundido hasta el cuello en una masa espesa que lo atrapa. La lucha por verse libre, tratando de recuperar la libertad perdida, la mirada que trasluce al mismo tiempo esperanza y un esfuerzo titánico por vencerse, y que busca una mano amiga que se le tienda para sacarle del fango.

Además, si se le da una vuelta de tuerca más, uno se da cuenta de que es precisamente la cabeza lo único que queda fuera de esa sustancia viscosa y sucia. La cabeza, la razón, es la herramienta principal para salir de la tontería y la locura. Esa parece ser la conclusión a la que Goya quiere hacernos llegar.

Bueno, en realidad es la idea que quiere recordarse a sí mismo, porque las Pinturas Negras las realizó para sí, en las paredes de su casa, y las hizo porque quiso, no porque se las encargara ningún mecenas, ni porque nadie le dijera qué y cómo tenía que pintar. De modo que el Perro semihundido es una expresión pura y auténtica de lo que llevaba dentro, sin cortapisas.

Es un retrato de su propio ser, de la sociedad, y de todo aquel que la contemple, en todo tiempo y lugar. Una llamada a reflexionar y a luchar para no caer en la corriente de la sinrazón y la banalidad, y a actuar en consecuencia. Porque si no piensas, si no usas ese gran talento humano, te hundes en un barro oscuro y sucio, y desapareces en la masa para siempre.

Todo esto he llegado a saberlo porque he pasado bastante tiempo ante esta pintura, la mayoría de él junto a mi amiga A., que cada vez que va al Prado reserva un paseo por sus salas para ir a visitar su obra favorita. De modo que para mí el Perro semihundido de Goya es, además de lo dicho arriba, un imborrable recuerdo de una de mis personas más queridas.

Por eso tenía que escribir esto. Y porque hoy es su cumpleaños.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Goya, el Perro y un cumpleaños

  1. Una de mis pinturas favoritas de Goya. Saludos

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