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Esperando a las musas.

La inspiración no es territorio exclusivo de los artistas. Los pintores, escultores, músicos, escritores y demás creadores no son muy diferentes del resto de los mortales. Viven con la sensibilidad a flor de piel, y no pueden evitar poner su talento a trabajar, pero eso no quiere decir que posean el monopolio de las musas.

Todos tenemos un talento, un don, aunque no tiene por qué ser estrictamente artístico en el sentido tradicional del término. Sólo hay que descubrirlo. Y, por lo general, solemos encontrarlo en aquello que más nos gusta. El modo de emplearlo es decisión de cada uno."All-purpose Inspiration"

Y todos necesitamos inspiración. Porque si no, nuestro trabajo se convierte en algo impersonal, insulso, sin espíritu…Hasta el matemático busca y encuentra belleza en las interminables hileras repletas de números. Cuando amas lo que haces, te mueve la ilusión, buscas ayudar a los demás y mejorar un poco el mundo que nos han dejado nuestros padres y que heredarán nuestros hijos. Pones tu granito de arena.

Eso sí, desterremos la idea de que la inspiración llega sola, sin esfuerzo por nuestra parte, y que es como un soplo misterioso que hace que tengas una idea maravillosa, que dé frutos por ella misma. Se trata más bien de una pregunta que va creciendo poco a poco en tu interior, hasta que se hace tan nítida que ya no puedes ignorarla. Y entonces llegan unas ganas enormes, imperiosas, de empezar un proyecto, que siempre te viene grande. Pero, al mismo tiempo, intuyes que está pensado para ti, que lleva tu nombre.

Y esa ilusión es tan fuerte que sortea todos los obstáculos, y se va transformando en una determinación constante y valiente.

Y ¿por qué? Por nada, sólo porque crees en ello.

Pero, como decimos, la inspiración hay que buscarla, tener la mirada siempre atenta, porque puede aparecer a la vuelta de cualquier esquina. La música suele tener mucho que ver en su llegada, supongo que porque abre el corazón y despierta los sentidos de una manera especial. Claro que los libros, las palabras en general, son bastante inspiradores. Por no hablar de la llegada de las hojas en la primavera, la nieve, las nubes, la lluvia en los cristales, las estrellas, y el inexplicable fenómeno del mar, el horizonte y el ruido de las olas.

Luego entran en juego las preferencias personales de cada uno. En mi caso, es entrar en una papelería, y tener que frenar el impulso de llenar todos los cuadernos con mi letra. Hay quien prefiere las librerías, los parques, la decoración de Navidad, las tiendas de telas, las montañas, los bailes, las heladerías…

Sin embargo, creo que nada despierta nuestra creatividad como esas palabras adecuadas dichas en el momento oportuno, puede que de manera casual. Y esto me lleva a pensar que, muchas veces, las ideas más inspiradoras vienen de las personas que más queremos. De lo que dicen, de lo que hacen, de sus gestos…

Hace poco escuché que un músico decía, hablando de su banda, que esos chicos eran las personas más inspiradoras que había conocido. Lo que no sé es si decía eso porque los consideraba grandes artistas (que lo son) o porque eran sus amigos, y como tal, le inspiraban no sólo para ser mejor músico sino, fundamentalmente, para ser mejor persona. Porque eso es lo que hacen los amigos.

Al fin y al cabo, lo esencial de la inspiración no es que nos dé grandes ideas, sino más bien grandes ideales, que nos hagan crecer por dentro.

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