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En peligro de extinción.

Grace Kelly en una librería.

Cada vez hay menos librerías, y más tiendas de ropa.  Donde antes podías encontrar todos los libros del mundo, ahora puedes admirar los últimos modelos de temporada. Donde antes podías adquirir conocimientos e ideas que te acompañarían toda la vida, ahora puedes hacer con “eso” que se supone que todo el mundo debe tener, pero que dentro de un año o dos dejarás en la parte menos accesible de tu armario.

Y no me malinterpreten, me parece maravilloso, incluso loable, que uno quiera vestir con estilo, estar al corriente de lo que se lleva, marcar su personalidad con un determinado modo de vestir, o, simplemente, comprarse un abrigo porque el anterior guardaba todo menos el calor.

Pero es que a mí los libros me duran muy poco, y los jerséis,  mucho.

Dependiendo de la facilidad de pluma del autor,  del grado de magnetismo de las palabras o del argumento, del tiempo que duren los trayectos en transporte público, lo que se retrase una cita, o de la fuerza del ataque de Morfeo…Pero un libro no suele estar en mis manos, mi bolsillo o mi mesilla de noche más de un mes o mes y medio. O sea, calculen ustedes cuántos libros he usado en mi no muy longeva vida.

Muchos más que pantalones, desde luego.  Por eso siento una punzada de  tristeza cuando muere una librería y una tienda de ropa, o de lo que sea, ocupa su lugar.  Y me provoca una duda inquietante, angustiosa,  que corroe mi espíritu: ¿dónde voy ahora a comprar libros? ¿Dónde voy a recurrir a la hora de buscar uno de los mejores regalos del mundo? ¿Dónde voy a ir a matar el tiempo y alimentar mi ilusión hojeando libros nuevos y antiguos? ¿Dónde, sino en una librería, voy a poder encontrar uno de los olores más maravillosos que existen?

Cada día lo tenemos más difícil, los que soñamos con tener algún día  en casa una biblioteca como la del Profesor Higgins de “My Fair Lady”, la del príncipe de “La Bella y la Bestia”,  o que se parezca mínimamente a la del Escorial o la Universidad de Salamanca. Y más fácil los que quieren un vestidor como el de Sarah Jessica Parker.

Así es el mundo, nadie dijo que fuera fácil. Aunque creo que el día que tenga más zapatos en mi armario que libros en mi estantería,  empezaré a preocuparme de veras.

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diciembre 1, 2013 · 5:57 pm